14.12.11

El Mito de las Hormonas en los Pollos.


El mito

Existe un mito popular respecto del uso de hormonas en la producción avícola y sobre como estas afectan a la salud de las personas que consumen pollo.

Se supone que su origen está relacionado con un hecho ocurrido en la década del 50, diez años antes del comienzo de la avicultura industrial.

En aquellos años se usó en Europa un estrógeno sintético denominado DES, cuya finalidad era castrar hormonalmente los pollos machos, para obtener un mayor engorde y una carne más tierna.
Este estrógeno sintético se aplicó en varias especies y en avicultura se utilizó en gallitos de más de cien días de edad, que en aquel tiempo y a esa edad no pesaban más de 1,700 kg.

Se lo aplicaba como un implante en el cogote y la ingestión de los mismos con residuos de esta hormona sintética, dio origen a un caso aislado de ginecomastia (desarrollo de mamas anormalmente grandes en los hombres) que tuvo difusión en textos de medicina.

Aunque ocurrió hace más de 50 años, la historia se popularizó por el desconocimiento sobre cómo se crían, alimentan y qué base genética tienen los pollos hoy.


La realidad


No se suministran hormonas. Debido a la edad en la que se faenan los pollos es fisiológicamente imposible que tengan respuesta a la aplicación de hormonas. Por lo que su administración no provocaría ningún crecimiento extra al natural en los pollos.

No existe en el mundo hormona de crecimiento de pollo en forma comercial y ninguna otra hormona puede hacer crecer un pollo.


Entonces, ¿Por qué los pollos son más grandes que años atrás?

El pollo de hoy en día tiene un período de crianza muy corto, de alrededor de 50 días, logrando un crecimiento superior a los 50 gramos diarios. 

Estos resultados son el fruto de un intenso programa de selección aplicado por las líneas genéticas, para obtener líneas de reproductores capaces de transferirles a su descendencia, los pollos parrilleros, ese extraordinario “vigor híbrido”. Lo que se hace es cruzar a machos y hembras con mejores características comparativas (por ejemplo, pechugas más grandes) para que sus crías hereden estas características.


No hay ingeniería genética sino permanentes trabajos de selección.

También es necesaria una nutrición adecuada, que les permita expresar todo este potencial genético; una eficaz medicina preventiva y una exigente bioseguridad a fin de prevenir enfermedades infecciosas y parasitarias.
Como consecuencia de esa evolución, en 35 años se obtuvo pollos con 600g más de peso en 30 días menos de crianza.



Como conclusión:

Se puede consumir carne de pollo con absoluta tranquilidad
Las aves para consumo nunca reciben sustancias hormonales de ningún tipo, por lo tanto, es una equivocada creencia popular que carece de respaldo científico. 


La carne de pollo forma parte de una alimentación saludable.





Datos obtenidos de CEPA – Centro de Empresas Procesadoras Avícolas. 

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